Nombres raros que aun así funcionan
«Raro» es una palabra escurridiza. Un nombre puede ser raro porque nadie lo conoce — o porque todos lo conocen y nadie lo pone. Esa diferencia decide si vuestro hijo tendrá que deletrear su nombre cada vez o simplemente tendrá un nombre bonito que rara vez se oye.
Los tres tipos de rareza
El clásico redescubierto. Nombres como Hedda, Alma, Konrad o Wilhelmine llenaban los registros parroquiales hace cien años y luego desaparecieron. Son familiares sin estar desgastados — la forma de rareza con menos riesgo.
El nombre importado. Del escandinavo, irlandés, vasco o finlandés: Runa, Saoirse, Ainhoa, Onni. Suenan frescos porque apenas se usan en el ámbito germanohablante. El precio: habrá que explicar la pronunciación y la grafía toda la vida.
El nombre-palabra. Bora, Luna, Sol, Wren, Amaru: términos de la naturaleza o de la vida cotidiana usados como nombres. Son los más dependientes del gusto personal y los que envejecen de forma más impredecible.
La prueba honesta
Imaginad tres situaciones: el nombre al teléfono con una administración, el nombre en una solicitud de empleo, el nombre gritado por un niño de cuatro años enfadado en un parque. Un buen nombre raro supera las tres.